domingo, diciembre 27, 2015

Venezuela y la construcción de un nuevo Estado.

Venezuela necesita dos grandes reformas. La primera y fundamental, una reforma productiva que afronte (es absolutamente necesario), los retos de la transición hacia un modelo productivo basado en la sostenibilidad ecológica y en la justicia global. No en el clientelismo económico sostenido en compras masivas de insumos y alimentos.  La reactivación del aparato productivo y la independencia alimentaria o como ha venido a llamarse en los últimos tiempos, “la soberanía alimentaria” y por ende tecnológica e industrial.  La segunda, una reforma social que reparta todos los trabajos socialmente necesarios, combata las exclusiones de la ciudadanía por razón de género o de origen o ideología política y garantice las condiciones materiales para la vida digna.  Esto se le debería suponer al chavismo pero las redes de clientelismo, corrupción y dependencia de la mano directiva del Estado imposibilitan una visión independiente del individuo respecto a los deseos y presiones del gobierno. "En pocas palabras, aquí se hace lo que yo mando y si no quedas excluido."

La oposición debe entender y actuar en consecuencia sobre la urgencia de estas dos cuestiones si no desea un estallido social inmediato en un escenario de transición del chavismo a otro modelo político y productivo más eficaz, sin embargo, muchas voces insisten en que solo el capitalismo, la inyección de dinero privado y la creación de empresas solucionaría este problema sin entender que con un aparato productivo tan deteriorado, se producirían diferencias instantáneas muy difíciles de subsanar. En un contexto sin control el darwinismo social se impondría como una aberración sistémica. 

El chavismo se ha ocupado de concentrar poder en torno al gobierno de manera que las instituciones carecen hoy por hoy de independencia real, es significativo en este punto el poder legislativo y judicial, de manera que abrir las compuertas del Estado a los inversionistas extranjeros podría ser una cuestión más bien de apuestas y de precios del funcionariado que de una acción definida del estado basado en un plan maestro. Dicho sea de paso, hago hincapié en este extremo porque la propuesta de modelo económico de la MUD se basa exclusivamente en la apertura para la inversión en el país, especialmente la extranjera.

En resumen, con un tejido social dependiente del Estado, un aparato productivo reducido a escombros y un país quebrado, no habrá posibilidades de reactivar al país hacia una frontera de progreso si no se fortalece la base estructural y productiva del país.  Hay quien podría decir que eso precisamente es lo que harían los empresarios, pero yo me temo que habrá una repartición de cromos de los ejes de materia prima y alimentaria y seguiremos dependiendo del exterior como lo fue antes de Estados Unidos y lo es hoy de China.