sábado, diciembre 26, 2015

Venezuela, esquivando trampas.

Creen los que hoy se oponen al chavismo que volviendo al estado anterior de las cosas se resolverá el problema del país. Dicen que siguiendo las leyes y obedeciendo la carta magna todo comenzará a generar prosperidad. Olvidan de forma deliberada que el problema de Venezuela es sistémico, que sus estructuras favorecen la corrupción y que no hay espacio para el desarrollo si no se construye un parque industrial sano, si no se genera una cultura empresarial que respete a los empleados y se fomenta la construcción del tejido social en base a los más elevados preceptos republicanos.

Mucho me temo que las retaliaciones de la oposición largamente ofendida por la dirección del chavismo y apoyada por sus mar encarnizados seguidores acabará por un insulto generalizado hacia las masas populares que esta vez podrían reorganizarse sin sus líderes impuestos, es decir, generar una verdadera democratización de las bases y sacar del camino a una oposición que mira fijamente al pasado en busca de privilegios en el nuevo reacomodo político. 

La oposición debe ir con mucho cuidado y ajustar hilando fino todas sus decisiones y propuestas, pero sobre todo y una vez en el ejercicio del poder actuar con sobrada magnanimidad toda vez que adolece de un proyecto que le permita refundar las estructuras dejadas por el chavismo.  No basta solo el marco constitucional, no basta solo gestionar los recursos, hace falta un proyecto de estado nación, un plan maestro que permita conducir a los venezolanos a una prosperidad real y no a un ajuste de cuentas que es, en pocas palabras, lo que todos tememos. 

Si el chavismo se radicalizó detrás de la palabra izquierda, pervirtiendo todos sus supuestos significados, la oposición ha acabado haciendo lo propio desde la derecha, convirtiéndose a la radicalidad simple y cargada del mismo odio, obviando las complejidades del sistema. El músculo político de la oposición se basa exclusivamente en el descontento y el desencanto masivo del chavismo, no en un proyecto viable que convenza a la oposición.  Es el momento del juego profundo pero dudo mucho que los líderes actuales de la oposición cuente con un corpus social lo suficientemente despierto como para no destrozarlo todo a la primera oportunidad que tengan de devolverle la moneda al chavismo.