lunes, abril 07, 2014

VENEZUELA THE WAY OUT.

Soy de los que piensan que no habrá victoria posible para la oposición mientras sigan utilizando los mismos modelos de acción política donde una fuerza se opone a la otra con el fin de derrotarla, bien sea utilizando la fuerza o tácticas y estrategias de guerra que si bien no usan las armas  se asemejan en sus formas. Ante la acción airada de los manifestantes, el gobierno atacado reprime de forma violenta y solo se consigue la victimización del grupo y la consiguiente inculpación.
Las guarimbas no sirven para otra cosa que para irritar a los propios guarimberos y forma parte de una estrategia de colapso centrada exclusivamente en el poder. No importan los chavistas, no importan las zonas donde viven los chavistas, en fin. Es como si el mundo y la realidad ocurrieran solo donde pasan las guarimbas y no hubiese arterias viales grandes, como la cota mil en Caracas, para vadear las barricadas.
Supongo que ahora, la gente empieza a comprender que no se pueden resolver problemas complejos con acciones simplistas que además concluyan en la autoagresión. De manera que, no se pueden pretender obtener resultados diferentes con los mismos procedimientos y con las mismas premisas, en segundo lugar, el gobierno de Nicolás Maduro, no solo es cruel y perverso, también es sofisticado en sus acciones y cuenta con recursos amplios para atacar a una población cada vez más arrinconada. La crueldad también puede ser sofisticada, la agresión perenne al corpus social.
Las respuestas ciudadanas y democráticas ante este caso deben ser legítimamente democráticas, deben ser complejas y organizadas y deben desarrollarse desde la empatía real, el chavismo también es Venezuela. No hay líderes capaces de resolver nuestras circunstancias ahora mismo y es algo que debería alegrarnos porque esto nos obliga a implicarnos como sociedad civil, si es que realmente nos interesa lo que pasa en Venezuela.
No podemos seguir demostrando una y otra vez que somos los desaprensivos cainitas de toda la vida que lo único que queremos es que otro nos quite esta ladilla de encima para seguir consumiendo y cagándonos en la realidad social de Venezuela, actuar como desaprensivos oportunistas pensando que podremos seguir sacando tajada a cambio de las miserias que doy, porque por ejemplo, fui a tal o cual marcha.

La implicación en la resistencia civil y democrática debe ocurrir desde la inteligencia y el desapego, desde el hecho de que nuestras mentes y nuestro sentido de la identidad deben fusionarse con el otro y encontrar nuestro lugar en la aldea venezolana para proteger los intereses de la tribu ante un gobernante que odia a la sociedad civil. La oposición pues debe apoderarse de metáforas profundas, de una construcción que trascienda y se adapte al siglo XXI y alcanzar al resto del mundo en el presente y no desde el pasado, como sigue haciendo Nicolás Maduro.




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