sábado, noviembre 23, 2013

La mirada del ciudadano.

La posmodernidad ha conseguido que nos obsesionemos con el fin en si mismo y no con el camino a recorrer. La gente exige como buen adicto a la cultura del cliente, resultados inmediatos y como no los tiene, se frustra. Piden, exigen y encima creen que su opinión y las miserias que dan son de extraordinario valor.

En plan, ¡bueno te he mirado, eso vale mucho!, ¡he ido a una manifestación me debes un puesto en el gobierno! ¡Organicé este o lo otro, estás en deuda conmigo! Y lo contrario. ¡¿Quién organizó esta mierda!? ¡Exijo explicaciones ya! Para acto seguido volver a tocarse los genitales frente al sofá.

Esta deformación respecto a nuestra relación con los demás y a nosotros mismos hace que la gente al abordar la cosa pública sea capaz de destruir cualquier construcción a su alcance (ojo, no me refiero a no quitar del medio a los malos políticos). ¿Eres súbdito? ¿Eres cliente?

La gente no se da cuenta de que, dentro de la estructura de poder, si bien cuando era un ciervo de la gleba, esta no valía nada, hoy en la cultura del cliente (que ahora es deudor), sigue sin valer nada, y sin embargo le restregamos las aspiraciones de nuestro ego al otro, exigiendo cosas que nosotros mismos, no somos capaces de dar.

Mira a tu alrededor, tu compañero de camino es quien tienes al lado, es con quien tienes que construir, lo demás es parte de la ilusión de poder marcada por la cultura del capitalismo y la falsa creencia de que por haber nacido en democracia y libertad, esta no corre el peligro de desvanecerse y caer en otra en la que encima tengas que vivir con miedo y de rodillas.

Por esto es tan importante crear redes ciudadanas, es preciso dar para ser más rico, pero no al que que te explota y quiere sangrarte, sino hacia los lados hacia el único que hablaría por ti, y al que realmente le afecta tu comportamiento, aquellos que están al alcance de la vista y te conocen.

Vivir instalados en la crítica mal sana y en la exigencia del cliente quejándote de que vives en una realidad de mala calidad, no te va salvar de que te esclavicen y te jodan. La buena noticia es que existen formas de hacer bien las cosas, y hace falta que estés allí para darle sentido y no permitir que otro tome las decisiones por ti. El poder sigue estando a la misma distancia pero entrelazados en núcleos en red, es donde se puede marcar la diferencia y hacer valer el bien común que es al fin y al cabo, tu propio bien.


Feliz sábado.

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