martes, septiembre 10, 2013

Juan Carlos Méndez Guédez: “el lector no tiene rostro”.

Envuelto en la elaboración de una novela histórica sobre migraciones a América Latina, aun de contenido reservado, el escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez (Barquisimeto, 1967), revela su visión del paisaje de los éxodos y la literatura, hecho que ya iniciara con su último libro publicado “Una tarde con Campanas”. El novelista reflexionó para EFE Reportajes, sobre el triunfalismo que se respira en torno a la presencia del español en Estados Unidos. Con sus contrariedades políticas bien definidas, Méndez Guédez analiza además, el acto de leer como un canto a la vida.

En sus declaraciones contempla las corrientes humanas por la geografía del mundo, y a sí mismo, como parte de una nueva ola de desplazamientos humanos cuyas consecuencias están por verse. Invitado por la Casa de América en Madrid para las mesas redondas sobre el incentivo de la lectura, el escritor habla, dejándose ver con bastantes kilos de menos, y sonriendo de cuando en cuando, mientras abandona su contundente talante de sobriedad.









--Los hispanos en Estados Unidos son una fuerza en ascenso, son la minoría más grande ¿qué supone para usted este dato?

--Es complicado para un escritor, intuir, o predecir qué es lo que el lector quiere, o qué podría querer ese nuevo público lector en español de Estados Unidos. El escritor por lo general, cuando escribe, lo hace con cierto egoísmo, hablando de lo que le duele, lo que le agrada, le interesa o le importa. El lector no tiene rostro, o al menos tiene miradas muy imprecisas, difusas. Estoy hablando de un escritor profesional, porque un escritor de best sellers por ejemplo, tiene esas pautas mejor identificadas, y lo que está es elaborando un producto para un público determinado. Suelen contar con especialistas que los orientan y les indican por donde van las querencias del público.
 
El tema del lector hispano de Estados Unidos es muy complejo, porque se dice que habrá un verdadero bilingüismo con el español, pero quién dice que no va a desaparecer el español como referencia cultural y que las nuevas generaciones lo descarten a corto plazo. Ya hay hispanos que escriben directamente en inglés porque les resulta más familiar. Todo depende del alma del idioma en que nos cobijamos.

¿Se impone la dictadura del lector?

 No lo creo, porque si supiéramos el tipo de libros que quiere el lector, pues simplemente escribiríamos para vivir cómodamente, después de haber dado en la diana, en el centro de las apetencias del lector. Pero Carl Jung decía que el escritor precisamente en lo que hurga, es en aquello donde la sociedad no quiere mirar. Él rescata lo que está olvidado, oculto e invisible. Un camino contrario a la complacencia.  Por eso creo que precisamente los escritores más honestos, buscarán trabajar en los espacios invisibles. Por ejemplo, el propio idioma, en el caso de los hispanos en Estados Unidos.

--La emigración como fenómeno global adolece de educación, en general, la gente que emigra suele ser pobre y con poca educación. ¿Solo queda la reivindicación de provenir de un sitio determinado?

El fenómeno de la inmigración es un poco complicado, suele ocurrir de manera parcelada. Distintos espacios que dialogan poco entre ellas. Si recordamos las migraciones hacia América Latina desde Europa, muchos de los hijos de estos inmigrantes no hablan la lengua de sus padres, como el portugués, o el italiano. Como consecuencia de las crisis de los lugares a los que fueron sus padres en la actualidad, los hijos de estos  emigran a su vez a los países de sus padres, y deben aprender de nuevo el idioma, de manera que vuelven a ser inmigrantes otra vez. Acaban siendo unos completos extraños en una tierra familiar que no los reconoce.

La primera migración, no hace literatura, porque es una generación que viene con urgencias económicas. Son sus hijos los que acaban escribiendo, por ejemplo en Inglaterra está Ishiguro, en el caso de Venezuela, aquellos que publicaron, eran personas que ya venían formadas y que fueron al país, igual que a otros en América Latina por cuestiones políticas que todos conocemos, como lo fue el caso de la Guerra Civil española. Incluso la propia Segunda Guerra Mundial, que expulsó primero a los inocentes y luego huyeron los culpables. A mi país llegaron José Antonio Rial de la Guerra Civil española, y Salvador Prasel un croata escapado de la Segunda guerra Mundial, por ejemplo.  En el caso de la Europa actual, tengo razones para creer que las novelas de la inmigración, la escribirán los chicos que hoy están en la escuela.


TODO DEPENDE DEL ALMA DEL IDIOMA EN QUE NOS COBIJAMOS

--Gracias a la comunicación, y sobre todo los transportes, los traslados, y el intercambio cultural se produce a gran velocidad. ¿De qué manera afecta esto a la realidad del inmigrante y del escritor?

Es cierto que han mejorado y aumentado los transportes, y las comunicaciones. Sin embargo diría que todo transcurre en un espacio mental, en una isla emocional que habita en cada persona. Con Internet, por ejemplo, habrá que preguntarse cuantas horas pasa cada extranjero en su propia tierra, aunque no esté en ella físicamente. Cuánto chatea, o lee el periódico de su país. Un inmigrante en este momento está al mismo tiempo en dos lugares, eso no ocurría antes. Las antiguas migraciones, nos hablan de cartas que llegaban después de dos meses, de difíciles, caras y complicadas llamadas telefónicas, y sinceramente, diagnosticar una realidad que ocurre a gran velocidad como la actual es imposible, al menos para mi.

En cuanto al hecho de escribir, es interesante ver, como Internet nos invita constantemente a asimilar nuevas expresiones, nuevos cambios lingüísticos, y el resultado está por verse, creo que es un error pensar que todo está fijado.

--Hay una serie de comportamientos, de ideas a cerca de la realidad que provienen de un sistema de castas producto de la colonia. Cierto racismo encubierto, cierto clasismo bien definido que utiliza la exclusión social para marcar distancias. Esta mentalidad se ve reflejada también en cierto tipo de empresarios. ¿Esa situación es un obstáculo para el verdadero desarrollo social en Venezuela?

Es verdad que esa realidad existe, pero también es cierto que han cambiado los vectores. El proveedor de la gran riqueza en Venezuela siempre ha sido el Estado, y ahora esa riqueza está en manos militares. Los que hacían antes negocios con los civiles, corruptos o no, ahora lo hacen con los militares.

Las relaciones económicas se mantienen. Si tu eres obediente, el Estado te apoya. En el caso de Venezuela los empresarios, eran y son  una especie de parásitos que se nutren del bien del país pero producen muy poco. Y el Estado sigue tratando a los ciudadanos como si fuesen mendigos, comprándolos con migajas. En cuanto al panorama político de América Latina, ocurre lo mismo. No ha dejado de existir el caudillismo, no ha dejado de funcionar esas cuestiones que se mencionaban en la pregunta.  Se sigue utilizando el miedo como una espada de Damocles. Creo que lo que estaba mal, continúa estando mal, simplemente se han adecuado los discursos para que suenen mejor.  Debo aclarar que yo provengo de una familia humilde, soy mestizo y aun así, nunca me sentí ni discriminado, ni segregado socialmente en Venezuela.

LA MEJOR LECTURA ES SIEMPRE AQUELLA QUE HACEMOS POR PLACER

¿De dónde surgió el escritor?

En mi casa, siempre había libros, mi madre siempre me animaba a que leyese. Nosotros vivíamos en un barrio pobre de Caracas, y con los años he llegado a pensar que de alguna forma, ese mundo de libros en el que ella nos implicaba estaba para que la marginalidad no nos tragara. Recuerdo que a pocos metros de mi casa empezaba un peligroso barrio marginal.

Un día, un mes de Agosto, encontré en un alto de la casa, una serie de libros que me gustaron mucho, se suponía que eran libros para los que yo no estaba preparado. Ahí estaban “20 poemas de amor”, que ahora ya no me gustan tanto, pero que en aquella época me encantaban, y un montón de libros que descubrí como si aguardaran en secreto a que yo los descubriera a través de una escalera que tomé para leerlos.

Para mi, la vida misma es un milagro, y la palabra una forma de celebrarlo. Conecta con la alegría, el dolor, la carcajada, la tristeza, en fin, con la lujuria de la vida. Los poemas de un poeta venezolano Eugenio Montejo, convertía una taza de café en un experiencia trascendente en mi vida. O el soneto de Gerardo Diego convertía el insomnio en algo trascendental, gracias a ese poema, ese terrible mal, se convierte en una tierna mirada sobre una niña que observa mientras duerme.
 
¿Sigue usted siendo un niño?

No exactamente, pero si recuerdo esa necesidad que tenía en la niñez de ser otro. Mi hija por ejemplo, tiene dos años y medio, juega a que tiene otros nombres. Al principio me disgustaba porque nos había costado mucho encontrarle un nombre, hasta que descubrí que era algo lúdico. Hace algunos días decía que se llamaba pizza, porque aun no asocia correctamente los nombres a objetos particulares. Y la lectura sirve para prolongar ese deseo de ser otro. Llegué en un momento de mi vida a descubrir que la lluvia, es solo lluvia, pero a través de un poema de Eugenia  Andrade descubrí que la lluvia es un milagro. Un milagro básico. Mi hija me preguntó qué era la lluvia, y le contesté que era agua que cae del cielo, un milagro que ocupa en algunos momentos nuestra vida.

¿Cuál es la mejor lectura?

La mejor lectura es siempre aquella que hacemos por placer. No ese que estamos obligados a leer, sino el que forma parte del goce.

¿Considera que ha leído lo suficiente?

Nadie puede leer lo suficiente, además, ¿eso qué es? ¿kilómetros de palabras? No sé. Sí puedo apuntar que ya no me da miedo decir, que no he leído un libro. Antes decía, sí, pero tengo un vago recuerdo. Ahora leo solo lo que me apetece terminar, si no me gusta lo abandono. Los libros no tienen por qué terminarse, uno no debe concluir un libro salvo que él esté allí contigo hasta el final. De todas maneras la lectura es importante, conozco a personas que en medio de una dura existencia, salvaron un destino de delincuente, esbirro o traficante, porque había una biblioteca, en la cual pudieron atisbar que más allá de ese mundo terrible, había un lugar posible. Aquí en Madrid, donde vivo, he entrado a bibliotecas, donde encuentro a jóvenes extranjeros, que no entienden el español pero que van copiando palabra por palabra, libros románticos enteros con la esperanza de aprender la lengua. Esperanza que acaba por cumplirse.


No hay comentarios: