viernes, agosto 23, 2013

El conde de Guácharo, cuando el humor es universal

"La ciencia no sólo es compatible con la espiritualidad, sino que es una fuente de espiritualidad profunda. Cuando reconocemos nuestro lugar en una inmensidad de años luz y el paso de las eras, cuando captamos la complicación, belleza y sutileza de la vida la elevación de este sentimiento, la sensación combinada de regocijo y humildad, es sin duda espiritual.” Carl Sagan

Aquí una entrevista de hace algunos años que mis paisanos venezolanos reconocerá como familiar, espero la disfruten.


Benjamín Rauseu (Musipán, Venezuela, 1961) es uno de los humoristas más reconocidos de América Latina, experto en la "stand up comedy", creó hace 20 años el personaje de “El conde del Guácharo”, quien, sin necesidad de aparecer en cine o en televisión, por pertenecer al imaginario popular de su país de origen, Venezuela, ha pasado a ocupar un lugar junto al propio Cantinflas e, incluso, a Charlie Chaplin.


El Conde del Guácharo no habita en las televisiones de América Latina. Por su propia naturaleza, es grosero, es atrevido y dice las cosas con un humor a veces ácido, a veces difícil, pero capaz de hacer al público desternillarse de risa en lo que podría llamarse un encuentro cuerpo a cuerpo entre la carcajada y la realidad.

- Una persona que empieza desde cero y acaba convirtiéndose en un empresario consolidado resulta ejemplar, pero ¿cómo es la experiencia de conseguirlo contando chistes?.

-- Cuando terminé la carrera de teatro, elaboré como trabajo final un monólogo con un personaje que es “El conde del Guácharo”. Cuando yo lo presenté no fui capaz de imaginar que ese personaje sería el que me daría de comer durante 20 años. Es cierto que en el momento en que salió había un hueco, una necesidad de abrir espacios humorísticos nuevos, y allí radicó mi éxito.

Pero aun así, con todos los golpes que me he llevado, con todos los altibajos de la carrera, el propio personaje adquirió su propia dimensión hasta llegar a ser lo que es hoy. Para mí es muy importante que ese personaje, que solo existe en las “stand up comedy” que yo hago, en pequeñas salas, tenga en la actualidad un parque temático y que sea en el inconsciente colectivo una especie de Cantinflas conectado a la realidad.

- ¿Y el convertirse en empresario?.
-- Precisamente porque nunca sobrevaloré a “El conde del Guácharo”, decidí invertir el dinero que iba ganando, poco a poco, para cuando el personaje se acabara. Al principio me llevé varios golpes por ingenuo, porque me robaron mucho, pero fui consolidándome hasta lo que hoy me he convertido. Aun así el personaje le robó la vida a Benjamín Rauseu que soy yo. La gente no sabe diferenciar el personaje de mi personalidad.






- ¿Cómo es la dinámica de alguien que se dedica a hacer “stand up comedy”?.
-- Lo primero es que no se trataba de una obra que se representa con el tiempo. Es decir, no había un guión fijo, sino que la propia realidad y cotidianeidad iba dándome las pautas. Así que me obligué a mantenerme activo mentalmente sacando todas las cosas que encontrara de la realidad que me fuesen útiles y al llegar la tarde las escribía. Así que yo trabajo sobre esa línea, con múltiples componentes, como pequeños gags que cambian sobre los acontecimientos y la actualidad como si se tratara de la opinión del pueblo.

- ¿El Conde del Guacharo es el otro yo, el yo malo del público?.
-- Yo estoy todo el día contemplando y observando las actitudes del público, las veo, las aproximo al personaje de “El Conde”. Entonces hago que el personaje diga las cosas que el público quisiera decirle a los políticos, a los militares y a la gente en el mundo... El personaje es muy osado, no le tiene miedo a nada, nunca se queda callado. Y el personaje tiene una vida muy larga porque se ha formado una cultura popular en torno a él mismo, precisamente por las cosas que dice. En cuanto al camino de vuelta, la gente se identifica porque son como él, tiene su lado malo, su lado oscuro. Él tiene ese componente vulgar, de maldad, de perversión.

- ¿Sus gags tienen elementos políticos?.
-- Con muchos elementos de ese tipo. No son solo chistes, sino una historia que hace un recorrido con una serie de espacios que son los gags y las anécdotas. No es fácil, a veces paso largo rato sin hacer un chiste nuevo, y entonces me salvo cambiando el orden de los gags y confiando en la mala memoria del público venezolano.

- ¿Cómo es la experiencia del cómico que sale al exterior del país a contar chistes?
-- Hay enormes diferencias, enormes. El sentido profundo del humor es algo universal, es parte de la magia del ser humano, sin embargo, el humor se sustenta sobre la base de las formas que tiene cada cultura y eso genera enormes diferencias. Ahora bien, creo que el personaje “El conde del Guácharo” entra en los países dispuesto a pasar trabajo. Yo lo he convertido en una especie de inmigrante, de individuo que se asombra y sufre con las cosas que ve. Un emigrante que viene con su humildad y su pequeñez, cosas como quién descubrió primero a quién. Ellos llegaron pero nosotros vimos los barcos primero. Cosas así. Es el personaje ignorante que tiene una idea de las cosas y descubre, en clave de humor, las cosas buenas y malas de ser inmigrante. Así ambos mundos pueden encontrarse, y ocurre igual con otros países de América Latina.

- ¿Cómo será  la experiencia en España para el conde del Guácharo?.
-- Todos los lugares del mundo son malos si no se tiene dinero y si se es un ignorante, pero seguro que se divertirá, sufrirá, gozará y se enamorará de España y, por supuesto, que los españoles lo amarán también. También hay un juego, un juego dinámico porque el personaje es un conde que tiene su mundo, su universo y todas las cosas, pero sobre todo tiene su reinado de Musipán. Así que él viene con sus alpargatas y su sombrero a pedir que se le reconozca su título nobiliario. 

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