martes, junio 18, 2013

La dictadura guatemalteca de los 80, vista por Dante Liano.

"La ciencia no sólo es compatible con la espiritualidad, sino que es una fuente de espiritualidad profunda. Cuando reconocemos nuestro lugar en una inmensidad de años luz y el paso de las eras, cuando captamos la complicación, belleza y sutileza de la vida la elevación de este sentimiento, la sensación combinada de regocijo y humildad, es sin duda espiritual.” Carl Sagan


Dante Liano (Departamento de Chimaltenango, Guatemala, 1948), ha publicado en España “El hombre de monserrat”, un libro dinámico de alta factura que se concentra en la lucha contra la guerrilla guatemalteca, pero que simultáneamente se deja discurrir por una trama policíaca. El mal, esa forma de comportamiento destructivo del hombre tiene su rutina, y como bien dice uno de sus personajes, matar cansa...




Dante Liano, lleva desde 1980 en que Italia se convirtió en un refugio de exiliado, ordenando sus recuerdos para reconvertirlos en pura literatura, de alta calidad. Afincado en un entorno donde abundan los creadores, Dante ha pasado a ser uno más en el seguro acierto de que otros como él vibran en la creación.

 Pero, un hombre es también su pasado, es además y sobre todo, sus recuerdos, por eso Dante no ha conseguido separarse del tremendo impacto que supuso vivir en un entorno donde la muerte y el asesinato eran habituales. En “El hombre de Monserrat”, editado recientemente en España (Roca Editorial), Liano incide en el pasado cercano de Guatemala. “La novela trata sobre todo de cómo gente normal, sometida a determinadas presiones, puede cometer barbaridades. Eso es quizás lo que más miedo da  porque le puede pasar a cualquiera y no hay que tener necesariamente cara de asesino”.


La salida de los monstruos agazapados en la memoria se produjo después de emigrar de su país, tal vez porque lejos también podía expresarse mejor sin miedo.  “El ser humano es tan amoldable a todo, que percibe como habitual y cotidiano lo que es extraordinario y catastrófico, y sólo cuando salí de allí me di cuenta de lo horrible que había sido nuestra vida en el país.

 La cacería era indiscriminada y llegamos acostumbrarnos a preguntar a quién habían matado hoy, pero el inconsciente permanece intacto y finalmente aflora, como en mi caso, en las páginas que escribo”. Nada queda intacto en el interior después de la violencia, así el autor ha dejado testimonio en su obra de la brutalidad de otros.  En “El hombre de Monserrat”, la violencia cruel, pública y salvaje que vivió su país hace veinticinco años en la lucha contra la guerrilla, una atmósfera en la que, asegura, “cualquier persona normal podría convertirse en asesino”.

Liano abandonó Guatemala en 1980 para instalarse en la ciudad italiana de Milán y, desde entonces, no ha dejado de escribir, “así desde la memoria”, sobre su país natal. 


LA HISTORIA

“El hombre de Monserrat” cuenta la historia del teniente García, un hombre de 35 años, alto, sencillo y bien plantado, que trabaja a las órdenes de asesores estadounidenses elaborando programas informáticos para combatir a la guerrilla guatemalteca.  Una mañana cualquiera, de camino al trabajo, se encuentra a un hombre muerto en mitad de la calle, cerca de la colonia  Monserrat, y decide investigar el caso por su cuenta, lo que le llevará a involucrarse en una serie de violentos acontecimientos.  El teniente acaba por convertirse en asesino no sin antes reflexionar que “la muerte cansa”, el acto de asesinar agota tanto como cualquier otro trabajo. Así a través de esta reflexión Dante coloca a Guatemala en el punto de mira, una reflexión profunda sobre un leguaje ágil, sin estridencia ni exageraciones.

Así, en “El hombre de Monserrat”, se mezclan tramas imaginadas e historias personales verídicas, como la de un primo juez de Liano, cuyo nombre apareció en una lista de potenciales asesinados y fue salvado por un familiar, que debía matarlo pero que lo depositó con lo puesto en la frontera de México. Una vez allí, tuvo que sobrevivir como cajero de un supermercado.


SUERTE Y DESESPERACIÓN DE ESCRITOR



Pero Dante Liano hace honor a su nombre y mientras conduce al lector a los infiernos, no deja de alegrarse de haber nacido en Latinoamérica, porque es una suerte para cualquier escritor, “mero contador de cuentos”, dijo, por la cantidad de historias que hay “en el aire”.  “Si la vida es una mentira, la literatura aún más”, afirma el autor de “El hijo de la casa”,  quien no había intentado “retratar la realidad, sino lo que cada uno cree que es la realidad”.

 Leer la prensa era más que una fuente de información, poniéndolo en la dramática situación de buscar y no encontrar los nombres deseados aunque fuese como muertos, en los que se buscaban desesperadamente a los desaparecidos (que nunca fueron encontrados), y se describían concienzudamente los asesinatos, un hecho premeditado, ya que “el ejército se servía de esa publicidad para amedrentar a la población e insinuarles qué les sucedería si se unían a la guerrilla”. Una reflexión que subyace en la obra recae en la idea de que los ejercitos ganarán siempre en las contiendas románticas contra las guerrillas porque estos tienen vocación de ganar y harán lo que sea para conseguirlo, en cambio aquellos que creen en la democracia, la justicia, la igualdad, los derechos humanos, etcétera, estarán siempre en desventaja por todas aquellas cosas que no se harán por obtener la victoria...



Dante Liano ha publicado entre otras obras, “El vaso de miel” (2002), escrito junto con Rigoberta Menchú.


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