viernes, mayo 17, 2013

LA ASAMBLEA COMO MÉTODO PARA GENERAR MÁS DEMOCRACIA.

"Puesto que la fuerza en origen parte del gobernado, al gobernante no le queda más remedio que apoyarse en la opinión."Luego, es en la opinión exclusivamente donde se fundamenta el gobierno; y esta máxima es aplicable tanto a la mayoría de las dictaduras militares y gobiernos despóticos como a las formas de gobierno más libres y populares."
 Noam Chomsky sobre David Hume.

Cada vez más se pone en evidencia que la democracia representativa ya no es suficiente para hacer precisamente democracia.  A cada movimiento de los políticos surgen voces críticas que les ponen en entredicho incluso antes de concluir aquello que han dicho o hecho. La ciudadanía confía cada vez menos en el modelo representativo porque resulta obvio que la estructura piramidal de funcionamiento político se está volviendo de forma irreversible contra los intereses de la mayoría.

No se trata de un agotamiento de las instituciones, se trata de un agotamiento de los modelos ideológicos que rigieron el siglo XX, tanto el capitalismo como el llamado comunismo en la versión estalinista, se trata también del agotamiento del modelo de organización social por geraquías que padecemos en la actualidad. 

 La sociedad, cada vez más educada e informada, exige respuestas de nivel a los problemas que se presentan en la sociedad, cosa que se agrava al contemplar como gobiernos de derechas en el mundo presentan las mismas injusticias y miserias estructurales que los gobiernos de izquierdas. Independientemente de la estética que se adopte para justificar el discurso político, resulta del todo imperioso un cambio en el modelo de hacer política, sobre todo si se pretende el bien común.

De esta manera, ya está en el tejido social la cuestión de que para poder cambiar la sociedad hay que cambiar personalmente primero y establecer un código de valores más solidario y generoso, no solo en el marco económico, sino en el marco ideológico. Hasta ahora, la mecánica de la política consistía en organizaciones que acumulaban fuerza y recursos, apoyadas en un discurso político y frecuentemente ideologizados que se enfrentaban entre sí para determinar al vencedor. Sin embargo, esta mecánica ya no es útil para la sociedad porque las respuestas que satisfagan a la mayoría ya no son lo suficiente, cuando no del todo injustas. El poder se enroca sobre si mismo y sea de izquierdas o de derechas deja al resto de la sociedad a su suerte, con la esperanza de que sea la propia sociedad quien aporte tales soluciones a los problemas que genera la falta de éxito en el bien común del poder. Muy por el contrario, el sistema demuestra una inquebrantable vocación de injusticia en la repartición de la riqueza y los bienes comunes y esto la sociedad civil no solo lo sabe sino que empieza a manifestar por múltiples vías una poderosa necesidad de cambio.

Hemos pasado de ser una sociedad monolítica a una sociedad que se comporta como un enjambre que transmite información, conocimiento y también hace política ciudadana a gran velocidad, lo que choca directamente con los estamentos del poder acostumbrados a estructuras piramidales y mecanismos de acción unidireccional hechos para que la ciudadanía obedezca. Se supone que en la democracia representativa la ciudadanía ya ha elegido a las luminarias que se harán cargo de sus asuntos, pero en la práctica se impone el principio de riesgo  moral  en el que las personas ponen su confianza en ecosistemas políticos bien consolidados, que tienen no solo el control de los recursos económicos sino también el de la información y el poder coactivo de la violencia.  Es demasiado frecuente que ejerzan el poder personas que pertenecen a los círculos de confianza, que actúan por afinidad de grupo de pertenencia y que suelen no estar preparados para los cargos que ejercen y si lo están actuarán  en favor de los mandatos de su grupo de confianza antes que el bien de la sociedad. Esto ocurre independientemente de la izquierda o la derecha, en el caso venezolano llámelo chavista o de la cuarta república (no sabemos cómo será Capriles porque no ha gobernado el país aun).  Pero mírenlo en el caso español, llámenlo derechas o izquierdas, el mecanismo se repite una y otra vez en las estructuras piramidales de poder.

Simultáneamente comienzan a ser un verdadero problema para la ciudadanía las manifestaciones megalómanas de algunos líderes decimonónicos  que obligan al resto a acatar compromisos y decisiones que son contraproducentes para la mayoría. Esto ocurre a cualquier escala, bien sea un líder norcoreano que pretende embarcar a su país en un conflicto nuclear o un líder local con demasiado ego y oscuras intensiones. De ahí que la sociedad civil empiece a organizarse desde el punto de vista político y económico a gran velocidad, unida a través de internet en un juego dinámico de interacciones, donde el ego es especialmente un obstáculo y donde lo que prevalece es la información útil y veraz.  Lo que es correcto no puede estar sujeto a deformaciones porque las personas juzgan inmediatamente. De manera que la injusticia tiene diferentes niveles pero lo que es justo solo tiene uno.

De allí que algunos defensores de la sociedad líquida (Zigmut Bauman) estén empezando a plantearse la reorganización ciudadana y la desconcentración de poder. Desconcentración de poder y acción ciudadana. Así que, la pregunta es ¿cómo resolver los problemas de la ciudadanía? ¿Más o menos empresas? ¿Más o menos intervención del Estado? ¿O más poder y responsabilidad para la ciudadanía? Ahí está la clave. Para evitar que vuelvan a surgir líderes destructivos o inspirados que arrastren a la mayoría que dependerá únicamente de la humanidad del mismo, o permitir que castas políticas con intereses que discurren al margen del bien común y de la ciudadanía se hagan con el poder,  es necesario pues que la ciudadanía se organice de forma horizontal, donde todo el conocimiento individual se vuelque para el bien de las personas.  Y ahí está la palabra clave: Asamblea. 

Así que la asamblea es una pieza clave para alcanzar el consenso democrático, alcanzar la visión de conjunto necesaria para hacer más participativa la toma de decisiones.  Pero, ¿y qué pasa con el número de personas? Pues está claro que las asambleas cuando superan cierto número de personas son inmanejables. De manera que se trata de asambleas que tengan cierto número de personas que las haga manejables y que además se especialice por temas para que la información que se vuelque en la sociedad enriquezca a todos.  Asambleas o reuniones ciudadanas, que lleguen junto al consenso colectivo al punto clave que es tomar la mejor decisión posible para el bien de todas las personas en la acción política.

La asamblea no es un lugar de debate, es un lugar de toma de decisiones donde todas las personas son tratadas por igual. La decisión de la asamblea es transmitida a los representantes de dicho grupo que llevarán a cabo la acción consensuada. Está claro que la decisión la ejecuta también el grupo con líderes o responsables designados según sea cada situación. 

La ciudadanía empieza a usar cada vez más el método asambleario como medida de control de los líderes locales. Los problemas de la democracia se resuelven con más democracia.


Aquí una definición de Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Gobierno_asambleario


Es importante recalcar que las asambleas se pueden sostener por internet por diferentes vías de comunicación. 



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