sábado, mayo 04, 2013

Bartolomé Bennassar, Colombia, la guerrilla cotidiana.

"No sabemos quién descubrió el agua, pero sabemos que no fueron los peces." Marshall Mc Luhan. ¿Te has dado cuenta del sistema en que vives?

Nota: Entrevista correspondiente al año 2004



Bartolomé Bennassar (Francia 1929),  es un experto en historia de España, y de la relación que el antiguo imperio español estableció con los territorios conquistados, en su haber se ostentan títulos como “Los españoles”, Historia de los Españoles”, “La España del Siglo de Oro, “Los Cristianos de Alá” y la biografías de “Don Juan de Austria” y “Hernán Cortés”. Es autor además de algunas novelas y esta vez presenta “Todas las Colombias”.



Bartolomé se muestra de forma limpia, casi inocente. Confiesa que de alguna forma cuando era joven no fue capaz de reconocer el mundo en toda su claridad, pero que ahora esa realidad ha cambiado. Ahora acepta las partes más crudas de la realidad, y aun así, hay mirada de optimismo centrada en el propio hecho de vivir.




¿Cómo un hombre que se ha dedicado desde siempre a la historia de España, se ocupa de Colombia?

Es el recuerdo de una fascinación experimentada en Colombia. En 1970 pasé por Venezuela, por cuestiones de trabajo, fui a dar un curso en la Universidad de Los Andes”, de ahí pasé a Colombia, a Cartagena de Indias y en ese encuentro con los Colombianos me quedé cautivado por la mezcla de la violencia con la naturaleza, en un país donde las cosas se definen a través de la ley del Talión. Esa forma de los colombianos de expresar su naturaleza exacerbada, erótica, poderosa, y en ocasiones brutal me dejó realmente impactado. 

¿Cómo verifica usted esos contrastes en la realidad?

La geografía determina la realidad del país, no tienen nada que ver las gentes de la costa del Pacífico, con las gentes del interior o las del Caribe. Después está la cuestión de la violencia, esto en el 74 me impresionó mucho, y no era tan consciente de la violencia colectiva, de hecho anduve por zonas que se consideraban altamente peligrosas, y no solo no me ocurrió nada, sino que lo pasé maravillosamente bien. Es decir, en cierto sentido lo de la violencia es un tópico porque el colombiano es una persona extremadamente amable, pacífico y querible. Estas realidades unidas a la exuberancia de la naturaleza es absolutamente fascinante.

¿Cómo describe usted esa guerrilla de la que habla en el libro?

Hay una enorme diferencia entre lo que fue la guerrilla de los 70 y la de ahora, que se encuentra en una situación que le permite relacionarse con el gobierno casi de igual a igual. En los 70 era otra cosa, había un fervor por el Che Guevara y por fidel Castro. Recuerdo que en aquella época se había retirado un guerrillero llamado Javier arenas, que escribió un libro titulado “La guerrilla por dentro”. Yo conocí a este hombre, y conversé con él. De esa información, esa lectura de la realidad, y esas condiciones de la guerrilla de la época, extraje una serie de apuntes que me han permitido crear personaje muy ricos en vivencias.

¿Hacia dónde cree usted que va la guerrilla actual?



En los años 70 eran grupitos pequeños, que no tenían armas, ni logística, ni nada. Pero ahora tienen un poderoso ejército con una gran infraestructura, aquí interviene el narcotráfico, desde luego en aquella época solo se traficaba un poco con marihuana a través de la frontera con Venezuela y hoy en día ya sabemos lo que hay. Poseen armas de última generación y una gran infraestructura. Ciertamente el orden mundial y los Estados Unidos tienen una visión diferente de lo que debe ocurrir respecto a la guerrilla, pero la cuestión es que la guerrilla se ha hecho poderosa y habrá que esperar a ver que ocurre. Yo sinceramente no lo sé.

¿No es quizá demasiado masculina su novela?

Ciertamente la novela contiene una pregunta que me hago a mí mismo. El personaje del español me sitúa en la novela. Yo recuerdo que mi hermano se fue a la guerra de Argelia, y yo preferí desarrollar actividades de carácter intelectual. ¿Quién sería  yo si hubiese decidido ir a la guerra? No lo sé. En algún momento hice paracaidismo, pero eso no tiene nada que ver con el hecho de enfrentarse a la muerte, de matar o morir.  Frente a esto estoy totalmente desnudo. Nada más.

¿Es eso lo que hace que sea una novela muy masculina?

En cierta forma sí, pero también está el hecho de que en la guerrilla a penas habían mujeres, dos o tres a lo sumo. Debo admitir, que en ese sentido, las pocas mujeres que habían, eran heroicas y cultas, por cierto, he encontrado en Bogotá, a una elite muy culta, sobre todo de mujeres, cosa que no he visto en otras partes.

¿Esa visión que usted se hace de la violencia, tiene que ver con una parte innata del hombre?

Hay algo de eso, los hombres se enfrentan a la violencia por vías distintas a la de la mujer. El hombres es más violento porque puede, y cuando decide no hacer daño, se plantea la no destrucción como un acto voluntario, en el sentido de que no se destruye algo, porque no se quiere hacer daño, pero puede. La mujer no es así, al menos no directamente. En Europa estamos más lejos de la violencia y a caso de nuestra propia naturaleza.

¿En el caso de Colombia, diría usted que las cosas tomaron ese camino de la destrucción porque no había otro?

Los colombianos que se metieron a la guerrilla ciertamente llegaron ahí, porque no se les ofreció otra alternativa. La tenaza entre conservadores y liberales, y el abuso de poder en un momento dado, justificó esta medida por parte de algunos. Pero en la actualidad, ambos bandos se muestran intransigentes, no muestran salidas, no hay diálogo y acaba por dirimirse todo a través de la fuerza.

¿Plantea usted alguna solución a este problema?

Yo no veo solución, ni siquiera sé si la hay, pero al menos en el caso de la novela, se descubre que la vida sigue, porque nace un niño.

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