lunes, abril 29, 2013

CÓMO VIVIR EN UNA SOCIEDAD LÍQUIDA PARTE II

"Mi concepto de democracia consiste en que el más débil debe tener las mismas oportunidades que el más fuerte. Esto jamás puede lograrse salvo mediante la no violencia. El verdadero demócrata es aquel que valiéndose de medios exclusivamente no violentos defiende su libertad y, por lo tanto, la de su patria y, en última instancia, la del género humano." Gandhi


CAMBIO DE PARADIGMA EN CIERNES


Resulta que las personas tenemos un instinto gregario  absolutamente natural y ante este proceso de aparente deshumanización encuentro que una de las respuestas más habituales es recurrir a las corrientes de ideológicas.  En este sentido las ideologías son sistemas de pensamiento que aportan una estética a la manera de expresarse en la sociedad y dan un marco de pertenencia de grupo, de meta pertenencia, de manera que si reúnes ciertas características en tus intenciones y comportamiento puede reflejar el pertenecer a un grupo u otro.

Sin embargo, las ideologías traen esta carga de control político que pertenece a su propia naturaleza fundacional. Un marxista se considera de izquierdas y también hereda toda la carga histórica de justificación estética al ejercicio del poder.  Nadie que se identifique con la derecha o la izquierda puede escapar a la trayectoria histórica de esta conceptualización de la experiencia vívida de la política.

De manera que resulta imposible encontrarse con la realidad líquida y cambiante desde esta perspectiva porque habría que afrontar la crítica erosiva a errores, o fisuras en el discurso de las corrientes políticas que antes se sobrepasaban bajo gestos de obediencia o de necesidad de autojustificación,  pero hoy en día resultan enormemente incómodos. Las ideologías son tóxicas para la sociedad líquida, de hecho, la sociedad líquida se ocupa de separar en cada acción lo que es legal de lo que es correcto y lo que es justo ante lo que está refrendado por una visión ideológica. En un sentido más práctico, humillar al otro es un acto de abuso sea cual sea el signo ideológico.

Recurrir a las ideologías pues, es un error cuando lo oportuno es recurrir a “la intención” o propósito, con la ideología puedo justificar un holocausto, con la intención no. De manera que lo que es bueno para todos lo es independientemente de la corriente ideológica a la que pertenezcas. Si defino cuál es mi propósito entonces no necesito de la ideología. De hecho, mientras más independientes son las personas dentro del sistema las estructuras de poder y de representación filial resultan innecesarias, es decir: Por mucho que lo pretendan, el estado no es nuestra madre, ni el gobierno nuestro padre, ni la estructura de funcionamiento tiene nada que ver con el funcionamiento del cuerpo.

Por otro lado está la cuestión de las confusiones históricas de la relación entre los sistemas de relaciones de producción y las prácticas políticas. Se puede vivir en socialismo y en democracia y en capitalismo y en dictadura y viceversa. Pero consecuentemente situamos la práctica política como algo inherente al sistema de producción.  Esta es una de las consecuencias más criticables de lo que ha sido el estalinismo en la sociedad occidental pero también con la democracia en el capitalismo. Al final, por encima y por debajo de todas las cosas está la práctica del poder real y la estructura sistémica sobre la que se cimienta y que sí establece diferencias entre las personas.

La solución se presenta pues en la toma de decisiones en conjunto, por la ciudadanía, de manera que la sociedad civil se va haciendo con el control de la res pública en la medida en que incorpora en su vida cotidiana la política como elemento de control fundamental para la supervivencia. Hoy en día una persona debería procurar actuar en profundidad en el juego profundo de la sociedad con la misma pasión que un político se ocupa por hacerse con el control de los recursos y surfear la ola del cuerpo social en la cúspide.




No hay comentarios: