viernes, marzo 29, 2013

Raúl Argemí: "El exceso es una forma de vida"·

"Olvidemos el paso del tiempo, olvidemos el conflicto de opiniones. Hagamos nuestra llamada al infinito, y tomemos allí nuestras posiciones." Chuang Tzu




El escritor Raúl Argemi (La Plata, Argentina, 1946),  hace gala una vez más de la contundencia de su narrativa. La novela negra, especialidad quirúrgica de autor, contrasta radicalmente con el título de su última entrega, el nombre: “Patagonia Chu- Chu” con la que se ha ganado el VII premio de narrativa Francisco García Pavón.

 Para el autor la existencia en situaciones limite, es un elemento más de la obra, con lo que, en la dureza de las condiciones de vida se articula un lenguaje que promete, cuando menos una vida lúcida en medio de situaciones extremas. ¿La clave para solventarla? El humor.

--La mayoría de sus novelas versan sobre variaciones de la muerte, ¿Cambia la temática en "Patagonia chu-chu"?
--La novela plantea una indagación sobre la cuestión de la identidad. Un hombre, es un hombre hasta que se encuentra en una situación límite y se convierte en otra cosa.  La trama se desarrolla a partir de una encrucijada de este tipo. Un hombre que indaga y narra la historia de otro que ha matado a varias personas y luego se ha prendido fuego.

Es verdad que en la mayor parte de mis novelas la muerte es el tema central, pero en "Patagonia  Chu-Chu" ocupa un lugar secundario, o al menos aparece solo para recordarnos que estamos vivos y que finalmente es una apuesta por la vida. También está la revisión de la idea de la existencia de Bush Cassidy en la Patagonia argentina. Su última casa oficial estuvo en la zona y puede incluso visitarse. Por supuesto el mito del personaje interviene en la historia no como parte del realismo mágico que no existe, sino como una fórmula arrebatadora de apuesta por la vida.

--¿Certifica usted el mito de Bush Cassidy?.
--Por supuesto, pero no el de delincuentes, ellos intentaron ser hombres de bien. Bush Cassidy  y Sundance Kid llegaron a la Patagonia con mucho dinero. Se mandaron a construir una magnífica casa y les fue de perlas al menos hasta su última vivienda oficial. También se dice que tras ellos llegó buena parte de su banda que robaban por libre y en su nombre, con lo que la fama creció. De hecho se pensaba que quien robaba era él y por ello tuvieron que escapar. Sin embargo quedó demostrado que ellos sabían trabajar y prosperaron haciendo negocios. Finalmente escapan y ahí empieza la leyenda; los matan en Argentina, en Bolivia, en México, yo pienso que deben estar vivo, porque alguien a quien matan tantas veces debe seguir vivo.

--¿Articula usted la forma en que se crean los mitos?.
--Las leyendas funcionan así, un hombre no quiere que maten a sus familiares y se suicida, sin embargo se dice que lo mataron varias personas por ejemplo. El otro componente lo pone la locura. Los argentinos estamos todos locos, y en la Patagonia están todos locos. No se puede hablar de desarrollo de Sudamérica sin un gran componente de locura.  Llegan los libaneses con una mano delante y otra atrás y construyen su casa en medio de la nada, y siembran su jardín y no vayan a decirles que ese no es el lugar más lindo de la tierra porque los odiarán para siempre.

 Así está lleno de italianos, polacos, y europeos de todas partes que han ido a fundar su lugar maravilloso en medio de la nada. Un desierto habitado por la locura que hace el pionero, en un lugar donde ni Dios estaba. Esa locura genera un tipo de humor que surge de la realidad, en medio de las condiciones más adversas lo único que salva es un poco de humor y las leyendas.

--¿Es la misma locura de los descubridores de América?
--Más allá del análisis político de lo que ocurrió en México con la conquista, yo admiro sinceramente lo que hizo Cortés, porque lo suyo fue una apuesta absolutamente desmesurada, con media docena de desarrapado apostó por la toma de un imperio. Tenía la suficiente locura o confianza en sí mismo como para acometer esa empresa, donde el sentido común habría dicho que algo así no iba a funcionar. Lo hizo en un momento donde muchos españoles eligieron ser funcionarios, vivir una vida absolutamente cómoda pero anodina.
A mi me gusta la gente que es capaz de tomar esas decisiones extremas, aunque sea construir un túnel que no lleve a ninguna parte. Todos los emigrantes que fueron a Latinoamérica construyeron ese túnel, y también se construyeron a sí mismos. El exceso es una forma de vida.

Lo importante no es alcanzar el camino sino ir hacia él. En el camino es donde se produce la transformación. No importa si el juego termina de alguna manera pero en sí mismo, mientras dura la aventura se produce el crecimiento. También se transforman las cosas. A veces se hace mal, pero otras se hace bien...

--¿Haría usted apología del Quijote y el humor en este sentido?
--Una de las cosas que tiene el Quijote y que es grandioso, se toman su vida en serio, muy en serio y con la realidad contada por Cervantes produce el humor... La realidad debe ser vista con humor, porque sencillamente la realidad sin humor tiene una carga dramática tan fuerte que las emociones que producen no dejan ver con claridad lo que está pasando. Sin embargo a través del humor se salva el escollo de la propia situación y entonces si puede verse con claridad. Es cuando empieza el camino de la comprensión.

--¿Es posible que exista una novela negra que sea de derechas?
--Es verdad, debería decirse en vez de novela negra, novela roja, porque el contenido crítico que ocultan las novelas siempre está alambicado en los espacios de la realidad política de derechas. Es cierto que detrás de la novela negra lo que se ve la sociedad, es decir, tras los hechos que el lector quiere desvelar se esconden los despropósitos de las sociedades y por lo tanto es crítico. Quiero decir que la novela negra también es en cierto sentido de izquierdas. Claro, hablamos de la sociedad capitalista, porque los cubanos por ejemplo generan otro tipo de novela negra... Debo decir ahora que la novela negra no es estrictamente de izquierdas, es crítica.

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