domingo, marzo 17, 2013

Jesús Ferrero deja ver “Las Noches Rojas”

"No sabemos quién descubrió el agua, pero sabemos que no fueron los peces." Marshall Mc Luhan. ¿Te has dado cuenta del sistema en que vives?




Encuadernado en tapas de verde eléctrico y lomo púrpura, Jesús Ferrero (España 1952), presenta su último trabajo poético, después de la novela “Trece Rosas”, basada en la vida de 13 jóvenes víctimas de la sicopatía policial del franquismo. En “Las Noches Rojas”, el autor hace una reflexión sobre las cosas prohibidas, sobre los elementos vitales que para él reflejan la existencia, en un breve repaso estético, que tiñe de rojo todos los versos, como si el rojo fuese un territorio conquistado, más allá del color.





Pequeño, de apariencia vulnerable, Ferrero engaña a quien le acontece en un primer momento, toda vez que se expresa con un candor sutil, su pasión por la literatura, al punto de convertirse en una palabra, y finalmente despejar toda duda sobre su consistencia, verbigracia de una sobria contundencia intelectual. Si no llegara a gustarle su prosa o poesía, podrá valorarlo también como conversador. Para él, las claves existenciales se muestran con más claridad durante la noche, por eso acomoda el primer verso del poemario como un aviso: “Hay conciencias que solo hablan por la noche”. Ferrero reflexiona, se pregunta, piensa, y todo a propósito, solo para que el lector lo piense.

“El humo

del barco
que viaja
a Patmos
deja
un sendero
en el aire
quieto.

¿Las vidas
al pasar
dejarán
una senda
parecida?

¿Una senda
que perdura
en algunas
conciencias?”



¿Se debate entre poesía y literatura?

Hasta los 28 o 29 años, exudé muchos poemas, como le ocurre a tantos novelistas, me veía como poeta, más que novelista. De hecho pensaba que ese iba a ser mi destino. Lo que pasa es que empecé a escribir una novela un poco por casualidad, al principio, y me fui desviando hacia la novela, pero nunca del todo. Lo que sí creo, es una cosa chico, y es que una novela es una larga alucinación de muchos años, en la que hay que insistir, y existe un esfuerzo de voluntad, y que en cierta forma es además de una creación artística, es un trabajo, y sin embargo la poesía es un genero más noble, y no solo es una escritura, es también es un estado mental y emocional. Y si ese estado poético no se da, es mejor no hacer el poema.

¿Cómo emerge en usted el poema?

Hay que dejar que surja el frenesí, que sirve para elaborar crear la arquitectura de la palabra, emerge de las profundidades de mi yo, y no de la parte media, o de la superficie. Y me transporta mientras lo escribo. Es curioso porque después de escribir las “Trece Rosas”, me pasó que al ser una novela parcialmente realista, al concluirla quedé en un estado poético, del que no pude escapar estando en Berlín y por la noche. La libertad lírica me pone en situación de cierta libertad paradisíaca, aunque siempre existe la posibilidad de la libertad maligna, en donde todo llamea mucho más, las personas, las palabras y los deseos, en esta situación se juntaron lo soñado y lo vivido para generar una misma realidad.

¿En este libro, qué es la parte esencial?

Está claro que el protagonista es el rojo. Este rojo a mí me empezó a impresionar en Paris, hice algunos estudios sobre el rojo. Ciertamente el rojo es el color de la bandera proletaria, pero lo que la gente ignora es que el rojo fue el color exclusivo de la nobleza y la aristocracia, porque representaba el color de la sangre. Por eso los Cardenales visten de rojo, y de hecho es el color del Vaticano. Y de hecho era un color prohibido para las otras clases sociales.  En Grecia, en Roma, y en China, si pillaban a un plebeyo vestido de rojo, lo podían meter en la cárcel. En China, al recinto del emperador lo llaman la ciudad prohibida, pero realmente es la ciudad de la púrpura prohibida. La ciudad del rojo prohibido, es decir, prohibido para todo aquel que no sea de la aristocracia, y más aún para todo aquel que no sea hijo del cielo. En el poemario el rojo tiene el valor de la conciencia, y el ardor de las cosas cuando una conciencia libre las está observando, además de las significaciones que he mencionado antes.

¿De esa forma ardorosa surge el poemario?

Quise que el centro del libro fuese la combustión. Fue surgiendo de manera involuntaria, de la misma forma que surge la poesía. Hay poemas que son solo una reflexión, otros que incluyen una postura emocional, pero que queda sugerida, lo demás es pasión. No hubo un planteamiento previo de cómo iba a dirigirse el poemario, sino que surgió de la inconsciencia.

¿Qué aspectos biográficos encierra el texto?

Eso depende de lo que se entienda por biográfico. En el sentido autobiográfico, entran, mis deseos, mis sueños, mis pensamientos, las cosas que no se resolvieron. Todo empieza con una mirada, que luego se transforma, por ejemplo está “Lady guantes rojos”, está relacionado con una persona que conocí, una chica de mal vivir, que acabó volviéndose loca. Una chica que vivía de desnudarse en un sitio y que acabó por morir enajenada. Esta mujer, junto con su drama, al igual que otras mujeres de mi poesía, son mujeres deseables, más allá de sus circunstancias.

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