viernes, febrero 15, 2013

Chambao, brisa fresca del mediterráneo

"No sabemos quién descubrió el agua, pero sabemos que no fueron los peces." Marshall Mc Luhan. ¿Te has dado cuenta del sistema en que vives?


¿Chambao?. Así le dicen en la jerga andaluza al cobertizo para protegerse del sol, la lluvia y el viento. Ahí se apostó el trío de sonido aflamencado y con aire de reggae, protegidos por el corte electrónico que aporta Henrik Peter "el holandés". El grupo malagueño disfruta con su disco “Endorfinas para la mente"



 "Chambao” se identifica con la vida mirando al mar, con un aire mediterráneo, capaz de alcanzar el espíritu desde Algeciras a Estambul, con su aporte de efectos electrónicos, y sintetizadores en clave de surf  a cámara lenta. Ciertas voces de cante, parecen elevarse desde lo alto de una
mezquita, desde la arena, desde las playas de Barbate en pleno litoral gaditano.

El sello de Edi, Javi, y Henrik "el holandés"  le dan un aire de sofisticación ambiental nada efímero, dejan pues música para escuchar en calma, para desconectar del ruido y mirar hacia el paisaje interior.

La versión de "Volando Voy" no es la rumba que rompe las rodillas, Mari acaricia la letra en una melodía suave como cierta brisa del atardecer. "Sepan ustedes/ que la flor de la noche/ "pa" quien la merece". Y camina y pisa la arena despacio, en charlas alegres de bar en la playa.

¿Qué conversa la gente? ¿Qué se dicen? Chambao ambienta la vida cotidiana, describiéndola en un fresco sencillo, con colores alegres, pasteles armónicos que cuentan el ir y venir de un barrio andaluz, como en "Los
muchachos de mi barrio".

Pero no todo es ocio, ni playa de atardecer con buen rollo, la sugerencia callejera del que se lo curra todo, mezclado con un claro alegato al fondo del mar, al barco de vela.


"No es cierto que estoy falto de fe/ si algo no está bien lo pongo del revés", reclama Mari en "Mejor me quedo aquí". Deja una espina amable en la conciencia. Tal vez pueda parecer que las canciones se parecen un poco unas con otras, es parte del concepto, sin embargo, cada pieza tiene su identidad, haciendo que “Chambao” rompa moldes. Música fresca para el verano.

LO BUENO DEL FLAMENCO CHILL.

La pretensión de la felicidad, solo dejándose llevar, con buen rollito y ambiente de mar ha calado con fuerza en las atmósferas de las Islas Baleares. Mallorca, Menorca y sobre todo Ibiza, son el lugar común de este grupo malagueño que combina la onda electrónica con el flamenco.

Esta brisa suave dejó afectados, mucho más de lo que puede tocar la tramontana a los asistentes al Festival Viña Rock, convirtiéndose en fuertes candidatos para el Espárrago Rock, en el que Mari pretende derramar con su voz, la propuesta “Endorfinas para la mente”.

Para “Chambao” su éxito internacional en la línea de la música ambiental se lo deben todo a Málaga. Para ellos, “el turismo y su industria extranjera ha impreso una fusión con lo autóctono gracias a que la ciudad acepta muy bien e integra al extranjero”.

Chambao tiene canciones en inglés, flamenco, tecno y muchas mezclas. El hecho de que la Costa del Sol sea turística ya anima a toda esa gente que viene de fuera a emprender proyectos. Además, en Málaga nadie corre y, si se llega tarde... pues se ha llegado tarde. Esto influye en la manera de ver y vivir la vida. Amén de la composición musical.

MARIA, EL ANGEL DEFINITIVO.

Esa voz de soprano atiplada de Mari no canta, abraza a la gente con su voz.  "Déjate llevar/ por las sensaciones/ que no ocupen en tu vida/ malas pasiones". Empieza ¡Ahí estás tú¡ y Mari vuelve y dice "de esas preguntas que te haces sin responder/ dentro de ti están las respuestas para saber". 
Propone la búsqueda interior, la identificación con la gente que vive duramente, sin dinero.

María no sufre con el canto, muy por el contrario todo es una sonrisa, tal vez un tanto melancólica, en esa sensación imprecisa que produce la puesta de sol. Los Dj de Ibiza, aquellos que pinchan al atardecer antes del fuego de la noche, se la han apropiado para dejar ese toque a media distancia entre la ternura y la tristeza.

Pero también una cierta alegría que se deja caer en las canciones, “¡mira, sí se puede!”, dice, “desde la fusión y la búsqueda espiritual y la sencillez, nosotros hacemos que la gente se sienta confortable, que el mundo parezca un lugar más amable donde vivir, sin dejar de ver lo que realmente hay”.




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