domingo, febrero 17, 2013

Carmen Boullosa, una mexicana belicosa amiga de Cervantes

"No sabemos quién descubrió el agua, pero sabemos que no fueron los peces." Marshall Mc Luhan. ¿Te has dado cuenta del sistema en que vives?


Carmen Boullosa (México, 1954), publica “La otra mano de Lepanto”, una recreación de la época de Cervantes y la guerra cristiana de Argel, bajo la mirada activa de María “La bailaora” un personaje poco usual. Como era habitual en el pasado, los antiguos navegantes llevaban mujeres que cumplían el papel de meretrices, cantantes y bailarinas con las que entretener las largas jornadas de navegación y aislamiento, práctica bendecida por la Iglesia que prefería la ayuda de las prostitutas a enfrentarse a la homosexualidad por necesidad.


 La historia literaria recoge a una de estas mujeres, que a bordo de la galera real combatió en la batalla de Lepanto. Descrita por Cervantes, acopia esta figura en la Gitanilla, en sus “Novelas ejemplares”. Este y otros elementos, justifican la excelente novela de Boullosa que aprovecha para cantar un corrío con acento de época y definitivo olor cervantino.

 No en balde son famosas y necesarias, aquellas mujeres mexicanas que iban a la lucha con sus maridos durante la revolución mexicana. Se les conoció como las “Adelitas” y Boullosa se descubre ante “La Gitanilla” espada en mano; las ametralladoras vendrían mucho después.

En la novela hay muchos componentes de diversas procedencias, ¿cómo describiría usted la novela?

La novela es una mezcla efectivamente de muchas cosas. Hay un juego, una danza, un baile constante con el lenguaje barroco, son los movimientos del cuerpo de la bailaora. La novela empieza con una escena histórica que es una batalla. Se trata de un levantamiento en la guerra contra los moros en la que todos los combatientes son mujeres.

Hay un proceso de documentación bastante amplio en el que todo queda bien representado. El resto como no, es imaginación. Los personajes han salido de gente que conocí en mi estanci en Nueva York en un momento apocalíptico como lo fue el derrumbamiento de las torres gemelas.

¿Qué hay con la cuestión de España vista por una mexicana?

La España que yo veo hoy, es en cierto modo igual a la que fue en tiempos de Cervantes cuando las influencias moriscas aun no habían sido disipadas. España es una de nuestras raices, y ella en sí misma tiene varias raíces, la mora, la judía, la cristiana y todas las que vienen de los íberos. 

 Estas llegaron a mi país donde también habían naciones indígenas, y produjeron una serie de mezclas que hoy hoy podemos disfrutar como un todo sin necesidad de separarlas una a una. En ese sentido es inevitable Cervantes y todos los grandes escritores españoles porque forman parte del imaginario colectivo.

Parece que la novela reivindica el papel de la mujer en la historia ¿de qué manera se materializa?

Si hay una reivindicación femenina en la novela, no es por la vida amorosa de la bailaora, ella es una amante pésima. Creo que el amor es recíproco por eso ella se busca un mal amante. Ella viene de un mundo destruido donde su padre ha sido maltratado y vencido, en el que a su comunidad la han destrozado, donde a los suyos los han echado afuera.

Ella ha sido esclava, primero de las monjas y después de los argelinos, tiene una persona desecha que no le deja atreverse a amar a otro. Por eso ha optado por la espada, y eso no hace bello a nadie. Nadie se hace más hermoso por matar a cuarenta turcos.

 No creo que sea una heroína, no sólo porque mató a 40 turcos sino porque ellos eran sus aliados, con lo que acaba convirtiéndose en una traidora de ella y de los suyos.  ¿Por qué actúa así? Porque no le queda otra. Ahora bien, los personajes más atractivos de la novela son los femeninos.

LA NOVELA DEBE EXIGIR DE SU AUTOR SU PROPIA REINVENCIÓN LITERARIA.

¿Describe la vida erótica de “La bailaora”?

Lamentablemente hay poco sexo en la novela, aunque ella sea un personaje erótico, no tiene vida sexual. Al mismo tiempo que ella se va haciendo hermosa se genera una gran violencia a su alrededor que la obliga a enfrentarse con las cosas de otra manera.

 En ese entorno violento la quieren violar, la quieren poseer, y por eso ella tiene una vida sexual muy limitada. Finalmente no es una amante feliz, no es una dadora de placer feliz. En ella está el baile y la espada, la seducción y la violencia que no es otra cosa que lo que le dio su época.

¿Cómo sincroniza su personalidad con los acontecimientos de la novela?

Cada novela debe exigir de su autor su propia reinvención literaria. Yo me desvisto muchas veces a lo largo de la novela pero no diré dónde exactamente. No es una novela de molde o de fórmula. María “La bailaora” es una traidora, y yo no lo soy, seguramente ella inspiraba suficiente confianza en aquellos a quienes mató en combate, pero sí que es una novela muy mexicana. Con esos ojos mexicanos viajé hacia la novela y creo que tiene un sabor muy mexicano. Y si hay una influencia en la novela es de tequila, una ebriedad muy exaltada en donde no tiene cabida la paz.

Cambiando de tema, ¿tiene usted en sus oraciones a Carlos Monsiváis?

Es amigo mío, me cae muy bien y a quién no. Él representa en el mejor de los sentidos a la mexicanidad. Él nunca habla directo, nunca dice lo que está pensando y siempre está esquivando la confrontación, no pega directo y por eso desconcierta, con eso siempre sorprende a los demás, pero a cada sorpresa surge con mayor vigor su genio.

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