viernes, julio 22, 2005

DARKNESS (Cuarta parte)


BIENVENIDO A LA NAVE DE LOS LOCOS

Me costó resolver esto sin caer en el melodrama o el panfleto... Incluso ahora que lo pienso a lo mejor sigue habiendo algo de melodrama y de panfleto, pero se trataba de un asunto que de seguro nos toca a todos de cerca, así que ahí va...


Después de la colonia y con el advenimiento de las revoluciones románticas en América Latina, las cosas no cambiaron realmente de fondo. Si los negros lo tuvieron difícil mientras perduró el sistema de castas e incluso después, los mestizos tampoco fueron menos. Los mestizos que fueron y son la mayoría, quedaron atrapados en un juego social perverso que le negaba el derecho a reivindicar sus lados “impuros”.


Es decir, el mestizo no podía y casi hasta hoy en día, no podía hacer valer su parte indígena o su parte negra... Esta conciencia de la “blanquitud” de la sociedad y su invariable escala de valores económicos se aplicó también a generaciones posteriores, como ocurriera con los inmigrantes chinos o árabes que llegaron durante el siglo XX. También se le aplicó a los blancos europeos que lo tuvieron mucho más fácil que otros para desarrollarse en América en las emigraciones de posguerra.

Las jerarquías gubernamentales, y los grupos sociales y económicos de poder eran y de momento son, salvo excepciones, blancos. A caso Venezuela sea uno de los países donde menos amargamente se han resuelto estos contrastes y la supremacía del blanco, porque fuimos capitanía general y porque el mestizaje, lejos de las esferas de poder de los virreinatos tuvo un espacio mayor en el qué desarrollarse. Nadie niega la parentela del propio Bolívar con negros y mestizos en su familia.

Pero, eso no es el punto fundamental de esta cuestión, se sabe que el mestizaje se produjo de forma forzosa y casi por necesidad, de los invasores y luego de los propios pobladores. La metrópoli exigía absoluta sumisión y desde el principio se establecieron controles para que los indígenas y luego los negros no tuvieran contacto con los blancos y viceversa en los intercambios sociales, salvo para las cuestiones del trabajo.

Los primeros pobladores (esclavos), negros eran en su mayoría hombres, al igual que los blancos españoles de los que se piensa que en Colombia hubo unos 10 mil la primera mitad del siglo XVI y de los cuales solo el 6 % eran mujeres. La homosexualidad estaba prohibida y castigada bajo la atenta vigilancia de la Iglesia, así que las indígenas fueron finalmente las primeras receptoras de ese mestizaje, que no siempre se produjo por la fuerza, pero sí a través del poder.

La cuestión es que en los propios mestizos esta situación de no pertenencia a ningún grupo concreto, les puso en la condición de ser marginados. La corona tampoco quería que se convirtieran en grupos de influencia, con lo que acabaron totalmente marginados. Existiendo en un punto en que no coincidía con las fórmulas de trabajo de la época, si no eras negrero, eras esclavo... Y en muchos casos viviendo bajo la arquitectura familiar en la sombra, como ocurriera con los hijos ilegítimos. (cualquiera que crea que esto es historia, le remito a chile, donde el divorcio se ha legalizado hace dos años, resolviendo por fin la cuestión de los hijos legítimos e ilegítimos).

La forma de control más clara para educar y someter a los inferiores fue durante siglos, el castigo corporal, la tortura, la lesión psicológica, el sometimiento. Estos mestizos hacían lo propio a sus hijos para que no tuviera que hacerlo el patrón o amo, y bajo esa condición de violencia y de negación de la propia identidad étnica, se desarrolló América Latina. Quien más quien menos ha recibido una buena paliza en su vida, y más hacia las generaciones de nuestros mayores, bofetadas, trompadas, insultos, maltrato, todo, en función del poder que cognitivamente ha entendido, gracias a la política de la corona española en el pasado, obliga a la sumisión.


Las condiciones psicológicas que genera la violencia son múltiples y escabrosas, y todas, absolutamente todas pueden observarse en el sustrato social y en las interrelaciones de los individuos en toda América Latina. Grandes carencias de afecto, grandes soledades, amén de problemas de salud social. No abundaré en el tema para no atraer gente que busca el olor de la sangre; pero incluso en los mestizos y los negros que posteriormente consiguieron mejorar económicamente, se establecieron fuertes diferencias, que no pudiendo darse en términos étnicos se hacían efectivas a través del clasismo. Es propio de este tipo de individuos, el ser oscuro de piel , negar esa influencia racial y sin embargo despreciar a los negros, a los indígenas o en su defecto a los pobres.

Debo aclarar que esta segregación no se produce solo por grupos de influencia económicos, que suelen ser similares en el mundo entero, aquello de las castas políticas, o económicas. Se trata de una segregación casi tribal que coloca a una persona mestiza cercana a la negritud en condiciones de maltratar psicológicamente a otro por razones que le pertenecen y blandir como objeto de diferencia el dinero. Es como decir: “Yo no soy negro porque tengo dinero”, y el otro sí lo es porque no lo tiene.

Esta perversión de la propia perspectiva, amén del fenómeno del endoracismo, se mezcla con la violencia física, el maltrato a todos los niveles que transcurre además en el ámbito privado, oculto del resto de la sociedad. De hecho, y precisamente lo que confirma esta premisa es la arrogancia caballeresca de los mestizos con dinero que no hacen trabajos domésticos aunque sean pobres, porque eso es precisamente de lacayos.

En el siguiente extracto de un trabajo de Peter Elmore basado en una novela que trata la cuestión el mestizaje en El Perú, titulada “La violencia del tiempo” de Miguel Gutiérrez se refleja con claridad parte de lo que quiero decir:

“La honra contrariada es, precisamente, un elemento central de la identidad colectiva en La violencia del tiempo. El tópico del honor, de larga tradición en las sociedades mediterráneas, resuena con una inflexión peculiar en el ámbito mestizo y colonizado donde discurre la novela de Gutiérrez. Es notorio que la viga maestra del relato remite, con una actitud a la vez paródica y patética, a una disciplina aristocrática —la genealogía— y a una práctica estrictamente española —la de los estatutos de limpieza de sangre. En relación a esos moldes, la crónica de los Villar parece condenada a tener un carácter degradado, inferior: se trata, a fin de cuentas, de la historia de una estirpe plebeya y, por añadidura, mestiza. En vez de la estima nobiliaria y el orgullo de casta, lo que marca la conciencia y la sensibilidad de los personajes —sobre todo las de los dos patriarcas, el bisabuelo Cruz y el abuelo Santos— es un malestar intenso y una rabia mal disimulada. La herencia recibida no se compone de bienes; consiste, al contrario, en una atracción compulsiva y tortuosa por la destrucción de las vidas ajenas y las propias. No sorprende que ese impulso destructivo, maldito, se manifieste en forma particularmente exasperada en Cruz Villar, el primer mestizo del linaje:


“A mi bisabuelo nunca le importó ser odiado, pues ni el amor ni la amistad contaron en su vida. Los ancianos tenían razón: de su mujer, de sus hijos y aun de sus animales no reclamaba el amor, exigía respeto y sometimiento total a su potestad y para conseguirlo podía llegar a la crueldad más extrema” (III, 10).

El despotismo de Cruz Villar tiene un sesgo patológico, pero la matriz cultural de la que procede es fácilmente reconocible: el ejercicio irrestricto de la voluntad del pater familiae corresponde a un modelo señorial y pre-moderno. Podría calificarse de feudal la mentalidad del personaje, si no fuera porque en el contexto peruano se asocia más bien a la de los encomenderos coloniales y los grandes hacendados criollos de la época republicana. Los rasgos caricaturescos y estereotipados que se advierten en Cruz Villar no se deben a torpezas de la caracterización, sino a que el personaje desea —en la pobreza de sus circunstancias— reproducir los usos y las normas que asocia con el padre ausente. La imitación resulta inevitablemente hiperbólica, desaforada, en la medida que el modelo al que se intenta copiar es inaccesible. Así, en el escenario doméstico el bisabuelo Cruz interpreta con vehemencia el rol de una figura fantasmal, el Conquistador. Su identificación con ese arquetipo es no sólo visible, sino ostentosa. En vez de constituir su hogar según las reglas socialmente sancionadas, Cruz practica la bigamia de manera pública y, lo que es aún más significativo, con dos hermanas indias:

Y después (absurda, escandalosamente) fundó familia, sus dos familias con las hermanas Dioses, Trinidad y Lucero, como ya te tengo referido. Escandaloso, absurdo ( así enfatizaron los ancianos), porque pudiendo de sobra conseguir mujer (por su estampa, por sus ojos, ¿entiendes, querida?) entre la variada gama de mestizas claras, coloradas, blanconas, blancas pobres, prefirió enredarse con aquellas muchachas de pellejo prieto, cholas, aindiadas, en cualquier forma mujeres que todavía no habían roto con el gran clan de indios sin tierra que pueblan estas comarcas. (III, 14).”

HACIA EL FINAL DE LA VIOLENCIA

Creo que se explica por sí sola la excesiva carga de violencia psicológica, el desgaste emocional y por supuesto la enorme negación del individuo que puede acarrear esta cuestión... Para terminar quiero recordar la historia de una chica negra que conocí en Caracas cuando estudiaba en el nocturno. Esta chica y yo salimos juntos durante un tiempo, pero la cosa no funcionaba. No sé, digamos que en un momento dado teníamos intereses distintos.

Yo tenía 18 años y ella 26 y ella quería matrimonio y yo no. Yo, aterrorizado ante la idea como cualquier joven de verme casado antes de haber recorrido mundo, le dije que no. Que no quería casarme pero que me sentía muy bien con ella. Esa noche en que le dije esas palabras ella se incó de rodillas, me dijo si aquello era porque era “negra”, si yo (que soy mestizo), la despreciaba por su color... Eso me partió el alma. Le dije que no, que cómo iba a pensar eso y se me saltaron las lágrimas... Pero ella insistió llorando y me pidió que le pegara, que le hiciera daño, que ella lo aceptaba como una esclava que era pero que no la dejara...

Yo la abracé, la besé, y le dije que no, pero mi instinto de supervivencia me dijo: Huye chamo, huye... Así que le dije que mejor lo dejábamos... Tiempo después la vi con un catire, el tipo la trataba como a una mierda y esa imagen se me quedó en la mente... Pienso que esa chica fue maltratada de todas las formas para llegar a ese punto de docilidad, como otros han llegado al punto de la rebeldía, la apatía, la indiferencia, la negación, frente al hecho de la violencia. De esa historia se pueden hacer otras lecturas, pero el hecho de que me preguntara si mi rechazo era porque era negra, ha pervivido en mi memoria...

El mestizaje global, el mestizaje mundial, tiene el deber de hacerse cargo de la enorme responsabilidad emocional que tiene para los niños del futuro superar las rémoras dejadas por políticas de Estado monstruosas realizadas en el pasado... A caso el siglo XXI, sea también el siglo del desarrollo emocional...

6 comentarios:

Martha Beatriz dijo...

Esto resume sin muchas vueltas este tema escabroso, y quizás son pocos loq ue relacionan el mestizaje con la violencia de esta manera. Recuerdo en mi niñez un hombre negro, mìtico, en la vereda donde vivía, su hazaña ( o defecto) era ser novio de una rubia vecina. Y la actitud de rechazo ante esto, por supuesto debe haberlo marcado, como a muchos. Y si, caigo en cuenta de que la crianza cargada de violencia como la que recibieron las genaración que tengo encima (mi padre) tiene que ver con el mestizaje, de la cual por supuesto nos llegó un salpique grande a esta generación.
El asunto de tu novia negra, creó te marcó a ti tanto como lo que estaba marcada ella...este post lo evidencia

JOSHUA dijo...

Martha, o bien el post es muy largo, o bien le ha dado algo a la gente... Sin embargo, no pienso dejarte sola aquí... Darte gracias por el comentario... Debería añadir que esa violencia se ve también en este país, en sus formas, en sus maneras, porque aquí no hubo negros, pero si siervos y vasallos... Los siervos de la gleba eran realmente puteados y maltratados, y hay que ver incluso en las interrelaciones profesionales la de reminiscencias de la Edad Media que hay...

RomRod dijo...

Muy bueno tu análisis y descarnada tu anécdota con esa novia que tuviste. Pero la violencia tiene muchos orígenes, así como creo que hay muchos tipos de racismo y de mestizaje en nuestro país. No solamente mestizaje histórico, ese que nos viene de la conquista y la colonización, sino también ese mestizaje de segundas y terceras oleadas de inmigrantes de todo el mundo que vinieron a fundar hogares acá. Que una de las causas de la violencia social que vivimos pudiera ser el mestizaje, creo que si, pero no la única. Recuerdo la educación a punta de pescozones que reciben los niños en colegios de curas aquí, niños todos blanquitos con curas también muy blanquitos peninsulares. También el comportamiento radicalmente diferente que pueden tener mis alumnos en clases de astronomía cuando voy a una escuela bolivariana de clase muy muy baja o cuando voy a un colegio privado sifrino. Sumisión y orden en un caso, niños inquisidores en el otro. ¿Tendrá algo que ver? No lo sé, mi perspectiva es muy parcial, muy pocos datos como para generalizar.
Bueno, algunas ideas como para que no creas que nadie leyó tu nota. Saludos!

JOSHUA dijo...

Gracias por venir Romrod.

Bueno, sí, tienes razón, la violencia es algo ancestral, y al mismo tiempo es como si fuese líquida, al igual que otros muchos fenómenos en la Historia, se manifiesta por corrientes que se superponen , que hacen resacas, que chocan entre sí, que hacen remolinos, como el agua pues...

Pero no es baladí, decir que a los inmigrantes europeos, les fue mejor en cierta forma que al resto... Hay muchos factores y por supuesto no quiero ser reduccionista, pero sí creo que hay una mayor predisposición desde los elementos o las partículas del poder, de absorber y ayudar a gente de color blanco... Eso se suscribe en lo que expliqué en el post, aunque también, tengo que decir que solo quería hacer ver la cuestión emocional en la cosa de la violencia ancestral, o al menos de la que heredamos de la colonia.

Hay un cuento que lo recuerda bien, en una novela de Herrara Luque si mal no recuerdo, aunque ahora no sé qué novela era tampoco... En la que castigan a una negra preñada, abriendo un hueco en la tierra para que cupiera la barriga y la azotaron. Al acabar, la mujer había muerto...

Ahora bien, creo que das en el clavo, certero, cuando mencionas las diferencias entre niños de colegios sifrinos, y niños de escuelas bolivarianas. Realmente no sé, te lo juro, no lo sé, como se respira en este momento en Venezuela. Madrid es una de las bases de la oposición, y es vergonzosa la forma en que contaminan. Así que no se les puede creer nada.

Pero así, superficialmente puedo decir que precisamente los estratos bajos de la sociedad, son los que contienen a los mestizos escolarizados, a los negros y tal vez algún indígena, al menos en los centros urbanos. Quiero decir que esos niños sifrinos, están enteramente normatizados y entroncados con una línea de pensamiento, y de poder, que parte a través de sus padres, de una cierta comprensión de la realidad. Los mestizos, que como también expliqué, históricamente han sido marginados, son quienes más han desarrollado la resistencia a la normatización, para los otros la sumisión.

De todas maneras, yo estudié en escuelas y liceos populares. No había recursos, casi nada, y con el tiempo también descubrí que tuve maestros y profesores poco preparados, e inculcar una normatización, un verdadero aprendizaje del contrato social, es difícil. ¿El niño tendrá la expectativa final del premio a su esfuerzo?

Mi abuela fue maestra de escuela, y por ella obtuve una preparación de fondo para enfrentar la escuela y el liceo, pero los demás no tenían ese soporte en casa. Finalmente el individuo aprende con todo, y tu bien debes saber que los padres delegan la formación (del ideario individual), en los maestros y los maestros en los padres, mientras el niño crece en una burbuja de aislamiento junto a los medios de comunicación.

Una última cosa, las familias pudientes y sus entornos sociales, tienen un fin, y casi un lugar predestinado en su proceso social... ¿Cuántos (y aquí me quejo un poco), hijitos de papá, egresados de universidades privadas no han encontrado empleo al terminar sus carreras? Sean buenos o malos estudiantes. ¿Y cuántos de los otros?

Una cosa que no trata el post es la de la condición del marginal, que no tienen suficiente paciencia para emprender un largo periplo académico, por urgencias materiales, y por la percepción de inutilidad del proceso. ¿Cuántos muchachos abandonan los estudios porque tienen la certeza de que no sirve para nada?. El niño bien, no necesita plantearse eso.

la maga dijo...

bueno el post, tristísima la historia (todos hemos vivido de alguna manera alguna historia así) terrible la realidad.
Siento que en el país aunque no tan marcado como en europa sí hay discriminación racial, y ahora aunada a la discriminación política e ideológica que se ve hasta en las escuelas...allí hay una larga historia que contar...ahora la discriminación se puede ver hasta en los nombres: imagínense con qué marca debe vivir una niña que se llame hoy en día yuleisi, por ejemplo.

joseaugusto dijo...

Que este articulo sirva para desenmascarar de una vez por todas una ideologia del mestizaje que en toda Latinoamerica pretende disimular y negar la pluralidad etnica y cultural con la frase "Todos somos mestizos" quieren negar que los mestizos de carne y hueso son marginados y discriminados. Si ponen en el Google las frases "mito del mestizaje" y "ideologia del mestizaje" encontraran infinidad de articulos de intelectuales latinoamericanos que en estos ultimos años han empezado a cuestionar una ideologia que se habia convertido en sentido comun.