domingo, febrero 03, 2019

YO CIUDADANO


Supongo que para mí, como a muchas personas, la aparición de Juan Guaidó en la arena pública fue una sorpresa. Recuerdo que pregunté quién era él y me llamó la atención que casi nadie tuviese la más remota idea de quién era ese desconocido. El presidente de la asamblea nacional ¿no lo conoces? Me dijo una persona. Pues no, no lo conocía. Un individuo atendiendo a un lenguaje destinado a la ciudadanía, que trata a los ciudadanos como iguales y que, en medio de la incertidumbre más peligrosa, pide al país su apoyo. Ha sido reconfortante, lo digo con total sinceridad, verle enarbolar un discurso por el país junto a su familia y sus afectos más cercanos.

Venezuela ha pasado los últimos veinte años sumergida en el uso táctico y oportunista de las palabras, del tiempo, del compromiso, de los significados; tanto los líderes oficialistas como los de la oposición han avanzado y dado marcha atrás en múltiples ocasiones al loor de las circunstancias, el tacticismo y la supervivencia política. 

Por eso verle allí, acometiendo el miedo, apretando con fuerza las circunstancias, convocando un cabildo abierto, me llenó de esperanza inmediatamente. Las asambleas de los cabildos abiertos fueron durante toda mi vida la mejor representación de democracia directa que jamás tuvo, y de pronto, allí estaba este señor invitando a los ciudadanos a expresarse junto a sus representantes. Llevo años de desencantos políticos acumulados con la oposición que habían hecho que me colocara en un lugar de incredulidad y desconfianza que acabaron por convertirse en desdén. En el fondo de la taza, en la borra del café solo había el regusto del “a ver con que vaina salen ahora”.

Ahora circula una matriz de opinión que dice que todo estaba calculado al milímetro, que Leopoldo desde la clase hacía encaje de bolillos, etcétera. No lo sé, tal vez sea cierto, pero en la hora de la incertidumbre, imagino que Trump no daría ni un paso si Guaidó no hubiese contado con el respaldo popular, y la verdad es que eso no creo que pudiera medirse.  Los presidentes de Brasil y Colombia afectos al eje democrático son un refuerzo extraordinario.

Venezuela en ruinas y con un ejército acorralado y con un gran sentimiento de animadversión en su contra tiene difícil solución con un hombre perdido en sus incapacidades e ineptitud como Maduro. Hay quien dice que esto también estaba planificado, tal vez, pero esto también lo dudo. En los días venideros asistiremos a la erosión del chavismo en tiempo real y muchos, entre los que me incluyo, nos alegraremos, tal vez tristemente, de cómo una vez más la providencia nos regaló unos precios del petróleo elevadísimos y estos se  esfumaron por una cultura política adicta a la cleptocracia y al mal hacer, independientemente de la ideología que hoy sucumbe, como una vaca cansada de una larga inundación, de una ciénaga de corrupción que todo lo aniquila. Espero con todo mi corazón que los nuevos políticos, en los momento venideros, sean capaces de crear controles efectivos a la corrupción y que esta vez si, Venezuela sea un país desarrollado, próspero y rico como una vez soñamos.